Fracaso en Gran Hermano 20: Pierde Control e Indignación
El reality navega en aguas turbulentas
La situación dentro y fuera del concurso apunta a un claro fracaso en Gran Hermano 20, una edición que nació con la intención de resucitar el formato pero que está tropezando en cada gala. Las expectativas eran enormes; la realidad, sin embargo, ha sido un jarro de agua fría para la cadena, que se ha visto obligada a acelerar el ritmo, tomar decisiones drásticas y forzar giros narrativos que están desconcertando tanto a la audiencia como a los propios participantes.
El último programa fue el reflejo más evidente de este momento crítico: una doble expulsión inesperada que dejó completamente descolocada a la nueva casa de Tres Cantos. Lo que debía ser una gala de tensión controlada terminó convirtiéndose en un torbellino que confirma el fracaso en Gran Hermano 20 a nivel estructural y emocional.
La doble expulsión que desató el caos
Las nominaciones de la semana dejaron a seis concursantes en la cuerda floja. Uno a uno fueron salvándose hasta que el enfrentamiento final quedó entre Belén y Lorena, dos de las personas con más trayectoria emocional dentro de la casa. Con los nervios ardiendo y la incertidumbre absoluta sobre lo que podía pasar, ambas se sentaron en la sala de expulsiones sin esperar lo que vendría.
Fue Ion Aramendi quien dio la noticia: Lorena debía abandonar el concurso. Su reacción fue una mezcla de emoción, agradecimiento y sorpresa. Se mostró feliz por la experiencia, pero no ocultó su desconcierto ante cómo había terminado nominada. Todo esto, una consecuencia directa del acelerón que la organización está imprimiendo al reality para intentar contrarrestar el fracaso en Gran Hermano 20.
La decisión que la llevó a la nominación
La propia Lorena explicó, ya en directo, cómo había acabado en la sala de expulsiones. Su intención era no perjudicar a Almudena, a quien no quiso “vender” durante la gala anterior. Su gesto, pensado para proteger a su compañera, derivó en un efecto contrario: finalmente fue ella quien apareció nominada.
A pesar de que confiaba en que la audiencia valoraría su honestidad, el público decidió lo contrario. Un resultado que ella aceptó, aunque señaló que esa nominación nunca debería haber sucedido. En una edición en la que las expulsiones se acumulan gala tras gala, cualquier error pesa el doble, lo que sigue alimentando el evidente fracaso en Gran Hermano 20 que ya se percibe desde la primera semana.
El público también protesta
La indignación no solo está dentro de la casa: fuera, los seguidores del programa han comenzado a movilizarse. En los últimos días, un grupo de espectadores habituales habría enviado una queja formal a la productora señalando errores en el formato, en la gestión de la convivencia, en el ritmo narrativo y en detalles técnicos como el sonido o la edición.
Lo que más preocupa a los fans es que la esencia del reality —ver convivir, evolucionar y chocar a los concursantes— está desapareciendo entre tanta prisa. Con dos expulsiones por semana no hay espacio para crear vínculos, tensiones reales o historias que enganchen. Todo sucede demasiado rápido, sin respiración, sin construcción… sin alma.
La sensación es clara: el público cree que así no se recuperará nunca el espíritu del programa y que estas decisiones apresuradas no harán más que consolidar definitivamente el fracaso en Gran Hermano 20.
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